Minutos con el Rector General

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Papa Francisco: la Cultura del Encuentro

Ya está en medio de nosotros el Papa Francisco. Lo habíamos esperado con una gran esperanza. Es por ello que como Institución de educación superior, que ancla su proyecto educativo en los principios del evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, nos proponemos adentrarnos en "modo Papa Francisco" para acogerlo con alegría, recibirlo con un corazón grande y con ánimo decidido,  como lo expresaba nuestro fundador San Juan Eudes; para vivir lo que a lo largo de su pontificado nos ha enseñado.

 

Hoy queremos reflexionar en una de sus palabras más sobresalientes desde que era Obispo de Buenos Aires en Argentina y que ha seguido haciéndola suya en su Magisterio Pontificio para invitar al universo entero, cristianos y no cristianos, católicos y no católicos, a vivir la "Cultura del Encuentro".

 

En este contexto de reflexión, debemos reconocer que una de las exhortaciones más sobresalientes en el pontificado del Papa Francisco desde que fue escogido como el sucesor de Pedro ha sido: "Trabajemos para construir una verdadera cultura del encuentro que venza la cultura de la indiferencia". A través de sus diversas intervenciones, en su Magisterio Pontificio a través de las numerosas cartas, encíclicas, exhortaciones apostólicas, pero también en sus discursos de los diversos viajes por el mundo entero, de sus homilías cotidianas en la Ciudad del Vaticano, en sus encuentros con personajes de la vida política internacional y con los diversos sectores de la demografía, etc., el Papa ha manifestado su interés para que el mundo entero, atravesado por diferencias, guerras, violencias familiares y sociales, aprenda a construir puentes y no separaciones; aprenda que existe diferencia entre un encuentro y un mero cruzarse con el otro, sin que haya un verdadero encuentro, porque pareciera que cada persona en el mundo de hoy pensara en sus cosas, viera y no mirara, oyera y no escuchara. 

 

En el contexto colombiano que vivimos en el presente de nuestra historia, la visita de Su Santidad nos permite mirar con agudeza el desafío significativo que tenemos como sociedad, para hacer posible esta invitación a vivir la Cultura del Encuentro. Sabemos que los desacuerdos entre los seres humanos son parte de la vida diaria, pero estos pueden terminar en conflictos si no sabemos gestionarlos desde una fuente de inspiración según la posición de cada una de las partes, y pueden terminar siendo de fácil o de compleja resolución. Resolver los conflictos será siempre un arte y, también, es una decisión.

 

Los conflictos en nuestra patria colombiana han sido desde distintas dimensiones, sabemos que ellos han dado origen a las discordias, los malos entendidos e incluso, a la guerra.  Por más de 50 años hemos vivido en guerra que ha cobrado más de 8 millones de muertes y desplazados, haciendo de la sociedad colombiana, una sociedad enfrentada, dolida, enferma, y hoy más polarizada. Por ello, para ser una nación reconciliada y en paz, necesitamos escuchar el llamado que nos hace el Papa Francisco en repetidas ocasiones de su ministerio Petrino, y de manera especial, ahora cuando nos visita, como una oportunidad para dar el primer paso en el desarme de nuestros corazones y de nuestras mentes, así, poder ser constructores de una nueva Colombia en paz.

 

Veamos, entonces que significado tiene para nosotros esta Cultura del Encuentro y qué implica para cada uno, en su vida familiar y social, en el marco del desafío de nuestra nación para ser constructores de la paz. 

 

  1. ¿Qué significado tiene la Cultura del Encuentro en Francisco?

Para Francisco la Cultura del Ecuentro no es solamente un cruzarse con el otro; el encuentro como lo expresó en una de sus homilías celebrada en la capilla de Santa Marta el día 13 de septiembre del año 2016 es: "Estamos acostumbrados a una cultura de la indiferencia y tenemos que trabajar y pedir la gracia de realizar una cultura del encuentro. De este encuentro fecundo, este encuentro que restituya a cada persona su propia dignidad de hijo de Dios, la dignidad del viviente. Estamos acostumbrados a esta indiferencia, cuando vemos las calamidades de este mundo o las cosas pequeñas: ‘qué pena, pobre gente, cuánto sufre’… y seguimos de largo. El encuentro. Si no miro – no basta ver, no, hay que mirar – si no me detengo, si no miro, si no toco, si no hablo, no puedo hacer un encuentro y no puedo ayudar a hacer una Cultura del Encuentro" (Cfr. radio vaticano, 13 de septiembre de 2016). Se trata entonces de un encuentro que es fecundo, es decir, que devuelve la identidad a quien la ha perdido, que devuelve a toda la sociedad el sentido de su ser. Una sociedad que debe experimentarse como la posibilidad de dar testimonio de valores especiales que lleven a la integración permanente, al encuentro constante para alcanzar las metas soñadas para el bienestar y buen vivir de todos. Así lo expresó el Papa  recientemente en un diálogo que sostuvo con los miembros de la liga de fútbol americano: "Hay necesidad de trabajar en equipo,  donde los valores ayuden a construir una Cultura del Encuentro en la que prevenimos y socorremos las necesidades de nuestros hermanos y hermanas y combatimos el individualismo exagerado, la indiferencia y la injusticia que nos impiden vivir como una sola familia humana" (Cfr. radio vaticano, 21 de junio de 2017). De allí que haya exclamado cuánta necesidad tiene el mundo de esta Cultura del Encuentro.

 

Estas dos evidencias anteriormente mencionadas, que son recientes, nos hacen pensar, en que detrás de esta expresión, "Cultura del Encuentro" hay toda una inspiración bíblico-teológica propia del Jesuita Bergoglio, del Obispo Argentino y ahora Papa Francisco. Pero pienso que además de esta inspiración, hay mucho más una visión pastoral desde su vocación sacerdotal y episcopal. De allí, que se requiera de una especial hermenéutica para reconocer toda su profundidad y todo su potencial para vivirla en el día a día de nuestra vida personal y social. 

 

Es claro, entonces, que para Francisco hablar de Cultura del Encuentro es hablar de lo que identifica a la fe cristiana, no es sólo decir que hay que propiciar el encuentro, sino que la fe sólo se hace cultura si ésta es, en sí misma, Cultura del Encuentro, cultura que abraza toda cultura, cultura que sirve al encuentro de todos los hombres y que busca el encuentro entre todas sus tradiciones y movimientos culturales y sociales. De allí que sea claro para Francisco que diálogo  y encuentro no sean sólo medios, sino  fines  que propician la Cultura del Encuentro; significa establecer círculos concéntricos que van de la comunión eclesial (amplia, plural, no excluyente, lejos de sospechas y prejuicios), a la fraternidad universal, al engranaje social, en el que la Iglesia puede derramar el oleo de su unidad y de su caridad porque lo lleva en su propia identidad.  En este sentido todos somos Iglesia y estamos llamados a vivir esta invitación que nos hace el Papa Francisco reconociendo con claridad las propias indicaciones fundamentales a saber para construir la Cultura del Encuentro.  Así lo manifestó en su reciente visita a Egipto, en la Universidad Al-Azhar, en donde expresó: 

 

"A. El deber de la identidad: porque no se puede entablar un diálogo real sobre la base de la ambigüedad o sacrificar el bien para complacer al otro. 

 

B. La valentía de la alteridad: porque el que es diferente, cultural o religiosamente, no se le ve ni se le trata como a un enemigo, sino que se le acoge como a un compañero de ruta, con la genuina convicción de que el bien de cada uno se encuentra en el bien de todos. 

 

C. La sinceridad de las intenciones: porque el diálogo, en cuanto expresión auténtica de lo humano, no es una estrategia para lograr segundas intenciones, sino el camino de la verdad, que merece ser recorrido pacientemente para transformar la competición en cooperación". 

 

Teniendo en cuenta estas indicaciones expresadas por el Papa Francisco es claro que la propuesta de la Cultura del Encuentro involucra de manera directa a cada ser humano para que salga de su zona habitual de residencia, es decir, de eso que los psicólogos de la personalidad llaman nido. Esto significa entonces asumir el riesgo de salir y dejar quizás la comodidad propia del statu quo con que hemos ido construyendo nuestros mundos personales y sociales. Se trata de "salir afuera"... ir a buscar. La intención es que ninguno se limite a su propios hábitos y costumbres diarias, sino que se suelte a buscar nuevas alternativas en la vida de las demás personas y por ende de la comunidad. En palabras del Papa Francisco, ese ir a buscar es construir puentes y derribar los muros que esas mismas costumbres han realizado. Es que para el Papa Francisco, el otro tiene siempre algo bueno que decirnos y por tanto debemos abrirnos y dejar la estrechez del corazón y de la mente. 

 

Esta apertura al otro como expresión de la Cultura del Encuentro se convierte en una verdadera experiencia de diálogo. Esta experiencia exige como primera actitud personal “la escucha abierta”, es necesario aprender a escuchar para darle valor a aquel que habla. En este contexto de la escucha abierta se nos exige deponer algunas actitudes que muchas veces no permiten que la experiencia del diálogo se construya entre los seres humanos. Entre esas actitudes está la prepotencia, es decir, la descalificación previa, el no escuchar a los otros, no respetar, bajar las defensas que nos cierran al otro, también la desinformación, el chisme, los prejuicios, las difamaciones (hoy hablamos de postverdad y de amarillismo cultural). Contrario a estas actitudes que hay que deponer es necesario que se refuercen las actitudes de sencillez y de humildad para no descartar a nadie de la esfera de nuestro diálogo. En síntesis, es necesario escuchar para consolar con actitudes concretas de vida para la esperanza; escuchar para aprender a captar las necesidades que tienen las personas. 

 

En este conjunto de ideas de la Cultura del Encuentro también podemos descubrir términos como diálogo, discernimiento, integración, construcción, y otros afines, o metáforas como la de los "puentes" frente a los  "muros". Algunos pueden pensar que debajo de esa expresión principal y del resto de las palabras no hay más que "brindis al sol y voluntarismo idealista vacuo, cargado de ingenuidad y osadía, o lleno de utopía con pérdida del sentido de la realidad"..., una frase que quiere animar con buena intención pero con escasa efectividad. Claro que hay mucha utopía, pero como canta Serrat "sin utopía la vida sería sólo un ensayo para la muerte", pero también hay realismo. El Papa Francisco insiste a tiempo y destiempo en que nuestro modo de estar en la vida y de pensar ha de dar prioridad a la realidad y no a las ideas, a las personas en sus situaciones concretas de vida y no a los clichés. Está haciendo una llamada de fondo a cambiar la mirada tomando en serio eso de que "la realidad es más importante que la idea", para no dejar que ideologías o abstracciones nos separen de la realidad o que los horizontes estrechos y los mezquinos intereses nos marquen la agenda. Está haciendo una llamada de fondo a cambiar de un centro subjetivista con connotaciones tecnocráticas (con resabios del paradigma cartesiano) que hoy ya no puede aspirar a la universalidad intersubjetiva, al haberse roto culturalmente la posibilidad de una verdad que no sea exclusivamente subjetiva. Se trata de entrar en una dinámica de auténtica apertura a la realidad no abstracta sino concreta. De que nuestro pensar no pierda de vista lo humano. Es algo que afecta a todas nuestras relaciones y, por supuesto, a la compresión de lo social y a nuestro modo de ser, estar y actuar.

 

La propuesta de Francisco en Evangelii gaudium tiene que ver con esa manera de comprender la sociedad como un poliedro que tiene muchas facetas, muchísimos lados, pero todos formando una unidad cargada de matices. El poliedro es una sociedad donde las diferencias puedan convivir complementándose, enriqueciéndose e iluminándose unas a otras. De todos se puede aprender algo, nadie es inservible, nadie es prescindible. Se trata de recoger de la experiencia y de la perspectiva del otro, pero eso no significa perder mi identidad. Porque también mi identidad es parte del poliedro, es mi aporte, es mi don para los otros. Si no hay identidades claras no hay conflicto, pero tampoco hay vida, todo es cáscara vacía. Por eso, no es sano huir de los conflictos, o ignorarlos. Hace falta aceptarlos y sufrirlos hasta el fondo, no esconderlos. Pero siempre con el ideal de resolverlos, de lograr armonizar las diferencias. De dos cosas diferentes se puede hacer nacer una síntesis que nos supere y nos mejore a los dos, aunque los dos tengamos que renunciar a algo. Siempre hay que apuntar a algo nuevo donde se superen las tensiones violentas y los intereses cerrados.

 

Se trata de reconocerle al otro el derecho de ser él mismo y de ser diferente. Lo que propone Francisco es un “pacto cultural” que nos lleve a una Cultura del Encuentro. Se habla de pacto social, pacto político, pacto moral. Pero ¿qué es un pacto cultural?, es una decisión y un acuerdo de respeto, tolerancia y diálogo entre los diferentes que sienta las bases para un pacto político. Ni siquiera el “pacto moral” es suficiente. Un pacto cultural significa que se ha aprendido a reconocer al otro como otro: con su propia cultura, es decir con su propio modo de ver la vida, de salir adelante, de opinar, de sentir y de soñar. 

 

Espero que esta visita del Papa Francisco nos ayude a consolidar esta Cultura del Encuentro en nuestra Institución y que sigamos desarrollando y consolidando en equipo lo que desde hace 25 años venimos realizando.

 

Bienvenido Papa Francisco.

 

Padre Harold Castilla Devoz