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Ballenas jorobadas conviven entre basuras y embarcaciones

En su paso por el Pacífico colombiano, los cetáceos están en constante amenaza por redes de pesca y contaminación.

 

Las prácticas humanas derivadas del turismo y asociadas a las perturbaciones generadas por el uso de embarcaciones, así como la interrupción en los ciclos de alimentación y crianza en animales marinos, generan impactos negativos en las especies, principalmente en las ballenas jorobadas.

 

Así lo determinaron los estudiantes investigadores del programa de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Ciencias Naturales y Educación Ambiental de la Sede UVD, luego de su visita, exploración y avistamiento de los cetáceos en la Bahía de Málaga, Buenaventura, el pasado mes de octubre.

 

De acuerdo con la investigación, las ballenas reducen los intervalos de respiración y tiempo en la superficie, al igual que una disminución considerable en las conductas alimentarias, ante la presencia de embarcaciones de avistamiento.

 

“La interacción entre los animales y las embarcaciones de avistamiento generalmente son esporádicas. En periodos críticos (diarios o estacionales), los cetáceos son más vulnerables, de acuerdo a las amenazas provenientes del enmallamiento con redes de pesca, el turismo no reglamentado, la colisión con barcos, entre otros factores”, destacó el grupo investigador.

 

Otra de las preocupaciones expresadas por los estudiantes y docentes del programa, tiene que ver con el exceso de basura alrededor de la playa y proveniente de los desechos arrastrados por el mar desde las principales ciudades del departamento, generando contaminación en los océanos, así como la ingestión accidental de residuos sólidos por las ballenas yubartas.

 

“Más de 250 kilos de basura fueron recogidos en un día de los arenales, descubriendo el impacto nocivo a la fauna marina y por consiguiente a la salud humana. Al interior del mar los plásticos se van fotodegradando y desintegrando en pedazos pequeños, haciendo que las ballenas y algunas aves los ingieran, afectando su sistema digestivo y generándoles enfermedades.

 

En la superficie se da paso a la contaminación ambiental por los residuos que genera el turismo, perjudicando a la población principalmente indígena y a los niños y niñas, quienes interactúan a diario con los desperdicios provenientes del mar.

 

Es necesario que turistas y habitantes de las playas se comprometan a cambiar sus hábitos de consumo… no arrojar residuos al mar y desde la ciudad ayudar a cuidar las fuentes hídricas, previniendo la contaminación y mitigando los impactos antrópicos causados a los ecosistemas marinos”, aseguró Camilo Pérez, docente investigador del programa.

 

 

 

 

 


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