Actualidad Pastoral

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¿Cómo tener paz en medio de estos días?

Para nadie es un secreto que muchos de nosotros en esta época hemos experimentado días muy difíciles, en los que hemos tenido pensamientos negativos acerca del futuro. No podemos olvidar que como generación la única información acerca de una pandemia que teníamos estaba solo en los libros, eso quiere decir que todo lo que hemos experimentado es totalmente nuevo para todos. Es por eso que, ante la novedad de esta realidad tan crítica nuestra mente y nuestras proyecciones estén llenas de miedo y de temor.

No puedo dejar de pensar en los discípulos en los días posteriores a la muerte de Jesús. Todos los sueños e ideales que proyectaron que Jesús haría quedaron reducidos a una muerte ignominiosa en una cruz. Por supuesto, que el miedo a la persecución y a una vida sin sentido rondaban en la mente de estos hombres y mujeres que decidieron y optaron por seguir el proyecto de Jesús. No es si no después de la resurrección de Jesús en la que experimentaron su presencia que les trajo paz; pero no solo eso, pudieron abrir sus pensamientos a la comprensión del plan de Dios en sus vidas: que la cruz no era el final, sino que era el comienzo a una relación amorosa y duradera con Dios, no solo para ellos sino para generaciones enteras. Y que la muerte del Cristo tenía un propósito mayor: la salvación del mundo entero.

Otra experiencia de comprensión es la que nos propone Pablo cuando escribe a los filipenses haciendo un llamado a la paz, por motivo de una pequeña discordia entre Evodia y Síntique, quienes al parecer habrían tenido un desacuerdo. En las recomendaciones Pablo hace una de las declaraciones más poderosas que podamos leerle:

No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús. Filipenses 4, 6-7

Es por supuesto una guía de cómo asegurarnos la paz en medio de situaciones difíciles, pero no solo una guía de instrucciones vacía, sino un modelo de discipulado y seguimiento concreto a Jesús. Lo consideramos así puesto que proviene de una recomendación para la vida comunitaria, por la tensión entre los filipenses, que Pablo con esta recomendación entra a dirimir. En ese sentido, compartimos acá una breve reflexión en torno a las ideas propuestas por Pablo para tener paz en medio de estos días difíciles:

  1. No se aflijan, oren por todo. La invitación es concreta, una vida de oración nos anima a no afligirnos por nada. Por el contrario, ante situaciones adversas ponemos nuestra vida en perspectiva de oración. De modo que encontremos en Dios dirección, pero sobre todo paz. De esto proviene la paz, del amplio panorama que Dios nos da en la oración, de la mirada completa de la realidad que obtenemos cuando nos volcamos hacia él.
  2. Hagan peticiones. Dios que sabe lo que necesitamos nos invita a hacer peticiones. Esto es casi que un ejercicio pedagógico que nos convence a nosotros mismos que las cosas que necesitamos provienen de Dios. No estamos convenciendo a Dios a ser bueno y darnos lo que parece nos está reteniendo por x o y cosa, por el contrario, estamos convenciéndonos a nosotros mismos de que lo que necesitamos Dios nos lo dará. Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas? Romanos 8, 32.
  3. Den gracias. Una oración de acción de gracias nos da una perspectiva de fe, damos gracias a Dios por lo que tenemos, pero también podemos agradecerle por lo que nos dará. Esto es un paso de fe, ante la dificultad que vivimos agradecemos a Dios porque lo tenemos a él y él es más que suficiente.
  4. Acoger la paz. Finalmente, Pablo indica en este versículo, en lo que pareciera un paso a paso, que la paz de Dios que sobrepasa nuestro entendimiento vendrá a nosotros. ¿Qué puede significar una paz que sobrepase el entendimiento? Es precisamente ese estado de tranquilidad que Dios nos da por varias cosas: por nuestra relación de oración constante, por nuestra consciencia de que él es nuestro proveedor, por nuestra capacidad de entender que Dios es más que suficiente y por esto somos agradecidos, pero de manera especial porque experimentamos un estado de paz, de sosiego y de tranquilidad cuando lo que nos sucede alrededor nuestro indica lo contrario.

En conclusión, recibimos esa paz que sobrepasa nuestro entendimiento porque es el deseo de Dios que estemos tranquilos. Si estamos tranquilos tenemos nuestra mente libre para pensar cómo podemos ayudar a otros y servir a los más necesitados. Dios desea que sus amigos, nosotros sus hijos estemos completamente en paz, porque es esa misma paz la que quiere llevar a otros, a los que la han perdido. Esa es la comprensión de la paz que queremos exponer aquí, no una paz que nos haga sentirnos bien y autocomplacidos, sino una paz que nos movilice al servicio, a la ayuda. Es aquí cuando una pandemia como la que vivimos adquiere sentido, no por su causa que a muchas luces es inevitable, sino porque esencialmente nos brinda un propósito que nos compromete, buscamos paz porque daremos paz a otros.

 

Jair Olascoaga Lerma

Profesional de Pastoral